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Be Open.
No he abierto el sobre hasta ahora. Lo he dejado sobre mi escritorio como aviso. Quizá como recuerdo de que no debo creer a las chicas entusiastas del cine de los años 50.
Sin embargo, hoy lo he abierto. Contiene un par de llaves de un coche. Y una carta.
En la carta no se disculpa. Me da las gracias.
Claire me da las gracias por haberle ayudado a dar por fin el golpe que estaba organizando desde hacía más de dos años.
Dice que no tenía otra manera de conseguirlo. Tenía que caer en sus redes para lograr lo que más deseaba sobre todas las cosas: un coche. Pero no un coche cualquiera. Un icono. Un ejemplar único de una serie excepcional, creado para ser patrimonio de la humanidad.
Había preparado todo hasta el mínimo detalle. Incluido el arresto.
El resultado del golpe está ahora en mis manos, afirma. El coche está escondido en un aparcamiento subterráneo de King’s Cross. En la carta figuran la dirección y el número del aparcamiento. Me pide que lo cuide hasta que regrese.
Hacía dos años que deseaba apoderarse de ese tesoro, pero no quería compartirlo con Cornelius Kohler. Había planeado toda esta complicada trama para engañarnos a todos.
Aquel día en el cine me había encontrado por casualidad, quizá la única casualidad de toda esta historia. Enseguida se había dado cuenta de que podía serle útil. Había comprendido de inmediato que no me rendiría, que la habría buscado por todas partes.
Consiguió lo que quería. Logró llevar el coche hasta un lugar seguro antes de que Cornelius Kohler la encontrase y la encerrase en Centre Pompidou. Había debajo suficientes pistas para que la encontrasen en el momento justo. Se las había apañado para poner a todos tras su pista.
Sin duda alguna, un plan perfecto.
La carta termina con un deseo: reunirse conmigo cuando salga de la cárcel. Asegura que será ella la que me busque. Dice que tendré que devolverle el coche y que podremos hacer todo lo que no hemos hecho hasta ahora: conocernos mejor, saber si el tiempo compartido entre dos tiene más luces que sombras.
Dice que puedo utilizar el coche, pero que no debo apegarme a él. Sostiene que a su vuelta podremos hacer un viaje juntos. Así podré entender por qué ha deseado tanto ese coche. Yo también entenderé qué quiere decir. Dice que tal vez podamos vivir una hermosa historia de amor. Al menos hasta que uno de los dos se enamore de otra cosa.
Hasta pronto. Así termina la carta, con el más escueto “Hasta pronto” que jamás haya leído.
Y así he vivido mi aventura. Una aventura que recuerda de alguna manera a la película “El largo adiós” de Chandler, una historia que hasta el momento sólo conocía por los libros. Sólo que mi historia en lugar de llamarse “El largo adiós”, debería titularse “El largo hasta pronto”.
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No entiendo por qué me felicitan.
Hoy he acudido a la comisaría de Scotland Yard. Allí estaba mi Virgilio invisible, el inspector al que he ayudado a arrestar a mi chica.
Al fin y al cabo es un tipo simpático. Me ha estrechado la mano y me ha dicho que tengo madera de investigador. Me ha dicho que sin mi ayuda nunca lo habría conseguido.
Vaya consuelo.
El inspector tenía dos noticias que darme. La primera era que en ese preciso instante las autoridades francesas estaban arrestando a Cornelius Kohler. Su reinado incuestionable en el arte europeo había llegado a su fin.
La segunda era que había heredado algo de Claire Galliard. La chica tenía algo para mí que el investigador había prometido entregarme.
Se trata de un sobre bastante pesado para contener texto solamente.
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No se puede cambiar todo.
Ni siquiera Juliette, con su habilidad para salir de cualquier situación, podía escapar de sí misma.
Nadie puede.
En esta historia ha ocurrido realmente de todo. Ninguno de los personajes que he encontrado era lo que decía ser. Tenía la impresión de haber asistido a un absurdo campeonato de impostores.
El investigador que ha seguido mis pasos durante todo este tiempo no era un simple investigador. Era un inspector de Scotland Yard.
El inspector ha recibido mi aviso. Ha pedido refuerzos y ha aterrizado en el punto que le he señalado en el mapa. Ha encontrado a Juliette, o Claire. La ha liberado e inmediatamente después la ha arrestado.

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¿Qué debo hacer?
He leído las indicaciones al menos mil veces. Creo que la extensa descripción que hace Juliette se refiere a lo que ha podido distinguir durante el trayecto que ha realizado tras ser raptada. Hace horas que intento localizar el lugar exacto con google street view, pero todavía no he conseguido descifrar las indicaciones de Juliette.
Es posible que Juliette esté ahí, en cualquier parte. Se necesita la colaboración de todos. Abrid street view e intentad descubrir a qué lugar se han llevado a Juliette según sus indicaciones. Cuando creáis que las habéis encontrado, enviad directamente al investigador las coordenadas del lugar al que habéis llegado.
Por el momento no podemos hacer otra cosa.
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Los días han pasado y tengo mis dudas.
Entre ambos males, elegiré el mal menor.
Juliette ha enviado un mensaje por correo electrónico.
El asunto estaba en blanco.
El mensaje sólo contenía una serie de indicaciones sin sentido. El enlace se encuentra en este mensaje .
Os anticipo que el texto termina así:
O estoy viviendo en una canción de los Beatles o me he dormido viendo una película de terror.
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Los hechos cometidos por Claire
Clouseau se ha explayado en detalles. Ha hecho una lista de los delitos perpetrados por Cornelius.
Robo de obras de arte. Comercio ilegal de objetos de valor. Tráfico.
Él no tendría importancia si no supiese que Juliette ha sido su cómplice.
El investigador dice que Claire Galliard ha sido una de sus principales colaboradoras durante dos años.
Hubiera preferido descubrirlo de otra manera, aunque a estas alturas me esperaba cualquier cosa.
Clouseau ha vuelto a sugerir que le comunique cualquier cosa que descubra sobre ella, por mínima que sea.
No sé si lo haré. Encontrando a Juliette se podría meter entre rejas a un peligroso delincuente. Pero también significaría que Juliette desaparecería de mi vida para siempre, a pesar de nunca ha sido mía.
No sé qué hacer.
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Un regreso muy esperado.
Clouseau, el investigador ha aparecido de nuevo en escena. Me ha llamado al teléfono móvil privado que tengo. Sabía todo sobre mi conversación por Skype con Cornelius Kohler.
Afirma que no debo creerle, que tiene pruebas irrefutables. Dice que tiene a Claire, que está seguro.
Opina que los cargos que se le imputan son suficientes para ponerle entre rejas durante bastante tiempo, y que así pagará por todo lo que ha hecho.
Hay que encontrar a Claire. Así podrán pillarle. Sostiene que necesita mi ayuda.
Qué extraño. Otra vez creía ser yo el que necesitaba ayuda.
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Entre skype y la realidad (2)
Ayer por la noche Otello estaba conectado a Skype.
Le he vuelto a preguntar por Juliette.
Ha contestado que no la conoce.
Le he pedido información sobre Claire.
El icono correspondiente a su contacto ha permanecido inmóvil durante un instante y luego se ha transformado en lápiz. Estaba escribiendo algo. El icono no ha cambiado durante un rato, más de veinte minutos. Pensé que el sistema se había bloqueado. Creo que me sumí en mis pensamientos.
Cuando volví en mí, tenía una respuesta de Kohler. No había escrito más de diez líneas, pero ya no estaba conectado.
Dice que Claire era una de sus colaboradoras y que hace mucho tiempo que no la ve. Asegura que no sabe dónde se encuentra. Me pregunta si sé algo de ella, por poco que sea. Me pide que le cuente lo que sepa.
Estamos otra vez como al principio.
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Entre skype y la realidad
Ha ocurrido. No me lo podía creer. Está claro que hemos gustado. De alguna manera, nuestra actuación ha llegado a oídos de Cornelius.
Era noche cerrada y no conseguía dormir. De la calle llegaba el ruido del tráfico. Un borracho ha gritado en la oscuridad. De repente he recibido una solicitud de contacto a través de Skype con el sobrenombre “Otello”. Mientras intentaba dilucidar lo que habría dicho Desdémona acerca de ese sobrenombre, he aceptado la solicitud y me he encontrado conversando con Cornelius Kohler en persona. Me ha felicitado. Me ha dicho que tengo futuro como artista. Qué extraño, también lo decía mi abuela.
Le he preguntado por Juliette y la conversación se ha interrumpido.
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Cornelius sigue sin aparecer.
Lo he intentado. Me he hecho una foto en la ducha con un mensaje que pone 500 minutos y la he enviado. No ha dado resultado. He intentado subirme a un árbol y quedarme allí durante 500 minutos. Nada. Ni siquiera mi periódico en línea ha querido publicar mi performance. Estoy convencido de que falta algo. He estado pensando en ello y se me ha ocurrido algo.
Por qué no informamos a los periodistas. Me he acordado de que nosotros recibimos miles de propuestas de personas en la redacción y que, a veces, cuando son interesantes, nos aportan pistas importantes.
Hoy en la oficina me he enviado uno de estos impresos a mi ordenador.
Es éste.
Descargad el formulario e intentad rellenarlo. Procurad que vuestra performance resulte interesante ya desde el principio y enviadla a las redacciones de los periódicos, la televisión y los sitios web, tanto locales como nacionales.
Quizá así tengamos más repercusión y consigamos crear algo que llame más la atención para Cornelius.
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